Voluntariando en el Sur de España: mi primer experiencia viviendo y trabajando en un hostel

11:32

Estepona, Noviembre 2019.


LA VIDA DEL VOLUNTARIO:

En estos años de viaje, conocí gente que sale al mundo de muchas formas; con sueños, ideas, proyectos y premisas diferentes. Están los que eligen repartir los días de vacaciones a lo largo del año, para aprovechar con algún que otro feriado; los que deciden usar ahorros para salir a descubrir el mundo sin fecha de vuelta cercana. Los que usan visas de trabajo, y van mudándose año tras año de país - o continente. Están los que trabajan a distancia: pasando largos meses en un solo lugar, para disfrutar y conocer nuevas culturas mientras terminan o comienzan proyectos. 
Y después, están aquellas personas que me costó un poquito ms descifrar: aparecen por la mañana llenos de energía, cantando y bailando como si la vida les sonriera sin parar. De a ratitos los percibís aislados, como si estuvieran en algún estado de trance extraño. Pero conforme pasan los días, si prendes tu botoncito de empatía y observación, podes llegar a comprender la sonrisa inmensa de ese extraño que te ayudó ayer a preparar  el cafe. 

Empecé a notar por donde iba viajando que, si abrís tus ojitos y apagas por un segundo los auriculares, vas a irte con un nuevo amigo, muchos abrazos y grandes recomendaciones para poder continuar. A lo largo de estos años, cuando comencé a abrirme y aceptar al otro, pude ir entendiendo que aquellas personitas que me resultaban de a ratos extrañas, porque las notaba con una energía diferente, eran voluntarias en el lugar donde me encontraba. 

Córdoba, Navidad 2019.

¿De qué se trata esto? comencé a preguntar cuando me di cuenta que cada vez eran más los amigos que comenzaban a voluntariar a lo largo y ancho del mundo. De viajar - me respondieron - se trata de ayudar, aprender, dar tu tiempo y habilidades a cambio de alojamiento. De eso se trata la vida del voluntario. 

BUM, mi mundo explotó una vez más, cuando comencé a entender que otra vez, me exponía a conocer una forma forma de vivir. Una una forma de trabajar. Una una forma de viajar totalmente diferente y ajena a la que conocía hasta ese momento. 

Como muchos saben, el 2019 fue un año de cambios constantes, hicimos la Working Holiday Visa en Francia, pero nos fuimos de viaje a mitad de camino. En ese momento tuvimos la necesidad de vivir el mundo de otra forma, de conocer lugares que hace mucho deseábamos conocer y sobre todo, empezar a vivir otras experiencias. Estar en movimiento constante fue la premisa de esta aventura a través de Rusia, Mongolia y China, para terminar buceando y conectando con la cultura tailandesa a mil revoluciones por hora. 
Se podrán imagina el cambio trascendental que vivimos en apenas 4 meses: pasamos de tener un departamento y trabajos estables en el Sur de Francia, para movernos sin rumbo con una pequeña mochilita mientras íbamos viendo sobre la marcha como continuar esta vida en viaje. 

Así fue que nos topamos nuevamente con diferentes personas, con sus historias y con otras versiones sobre la vida del voluntario: aquella persona que necesita estar un tiempito fija en un lugar, para poder acomodar y acomodarse en el mundo nuevamente. Aquella persona que luego de varios meses de andar pateando diferentes rumbos, llenándose de otras realidades y entendiendo su vida como una experiencia, necesita frenar, entender lo que está pasando y recargar energías para continuar. O simplemente, aquella persona que quiere experimentar por un determinado tiempo, algo nuevo en su vida.

Córdoba, diciembre 2019. 

La vida del voluntario está ocupada por horas de trabajo, por muchas ganas de ayudar y aportar algo que sume en el mundo. Implica poner el cuerpo, las habilidades que sabemos que tenemos - y las que vamos a descubrir en el camino - y la energía de nuestro día a día, al servicio de algo y de alguien más. Es estar en contacto con miles de personas y culturas a toda hora, o de alejarnos y escaparnos a vivir en un estado más simple y natural del que teníamos como conocido.



Cuando nos llegó la oportunidad de hacer un voluntariado, ya habiendo vivido a través de nuestros amigos lo que significaba, y por ello no dudamos en dar el paso: así fue como entre noviembre y diciembre de 2019 tuvimos nuestras primeras experiencias de voluntariado en el Sur de España, utilizando la plataforma de Worldpackers para encontrar el lugar y destino donde iríamos a voluntariar.

¿QUÉ ES UN VOLUNTARIADO?:

Trabajando en Cordoba, diciembre 2019.

La experiencia del voluntariado es tan variada como host y voluntarios hay alrededor del mundo. ¿A qué me refiero con esto? simple: todo depende de lo que vos estés buscando, de lo que necesites vivir, aprender y devolverle a la ciudad o comunidad en la que quieras estar un tiempo. Pero, también depende de lo que el host te de y necesite a cambio. 

Hay quienes se van a Camboya a enseñar ingles a niños o adultos de una determinada comunidad. O quienes participan del activismo y están largos meses en Tailandia ayudando en santuarios o reservas donde rescatan elefantes. También están las personas que necesitan ahorrar unos mangos y trabajar en un pequeño hostel mientras conocen París y se enamoran de sus encantos. O quienes se van a Suecia en pleno invierno a ver auroras boreales y palear nieve en pleno invierno. 
Hay de todo, para todos. 

Me gustaría definir un voluntariado como una oportunidad de conocer en otro nivel una ciudad, un pueblo o comunidad. Es la oportunidad de trabajar y explorar tus habilidades para hacer cosas que de otra forma no se te hubiese ocurrido que podrías. Es la oportunidad de explorar lo que hay en vos, y de aceptar lo que cada lugar te va a dar. Es la oportunidad, además, de viajar por el mundo y ahorrar en alojamiento, recibiendo y dando a cambio lo que la experiencia requiera. 

CREANDO CONTENIDO EN EL SUR DE ESPAÑA:

A través de la aplicación de Worldpackers conocimos a Bianca, una brasileña con un español hermoso y una vibra muy particular. En ese momento estábamos en Italia, viviendo en la casa de nuestros amigos mientras intentábamos decantar el viaje por Asia inmenso que acabábamos de realizar. 

En esas idas y vueltas de ideas y ganas de hacer cosas nuevas, decidimos que queríamos voluntariar por España para darle un cierre a esta etapa de nuestra vida en viaje. Así fue como llegamos a Bianca, quien necesitaba viajeros que tengan ganas de pasar un tiempo en su casa de Estepona, conociendo la ciudad y creando contenido para lo que en un tiempito será La Veranera Hostel.


Estepona, noviembre 2019.

Le enviamos un mensaje a través de la App de Worldpackers contándole nuestra experiencia viajera y el manejo que tenemos de redes sociales, y creación de notas para blogs. Luego de charlar un rato e intercambiar contactos, nos pusimos a buscar vuelos para viajar a Málaga y de ahí tomar un Blablacar para llegar finalmente a Estepona (es un hermoso pueblo del Sur de España).

Llegamos al mediodía del viernes 29 de noviembre y nos quedamos con Bianca y Dina (su hermosa gatita) una semana. Los días transcurrieron con la paz propia del lugar: sin prisa, con buena vibra y alegría. Estepona tiene el privilegio de no estar colapsada por el turismo masivo, por lo cual caminar por sus callecitas es una invitación constante a conocer las costumbres de la gente local. 

Todos los días hicimos algo diferente, con la idea de poder generar el contenido que Bianca necesitaba para luego utilizar en el blog y redes de su hostel. Por eso, caminamos y observamos mucho la vida del pueblo, charlamos sobre la vida, proyectos y sueños. Le contamos los nuestros, conectamos mientras nos cocinamos nuestros platos favoritos o salíamos de tapas para disfrutar de un invierno soleado como no hay en otro lugar. 

Mariano, Bianca y yo. Estepona, noviembre 2019.

Sacamos y editamos muchas fotos, escribimos dos notas para su blog. Conocimos la casa que pronto se convertirá en La Veranera Hostel, pero sobre todo, forjamos con Bianca una hermosa relación. La experiencia fue 100% positiva, nos llenó de una vibra diferente a la que teníamos, nos ayudo a seguir explorando la vida del voluntario, nos contacto con lo que sería unos días más adelante, nuestra primer experiencia viviendo y trabajando en un hostel.

LA VIDA DE HOSTEL:

Queríamos estar un tiempo más en España, aprovechar que ya habíamos comenzado a viajar de nuevo, y sobre todo, el hambre de vivir cosas nuevas que se manifestó cuando creímos estar agotados.

Llegamos a Córdoba a principios de diciembre, alrededor de las 4 de la tarde, luego de haber charlado con Ale para ingresar a trabajar al Hostel y continuar con esta vida de voluntariado. Allí nos recibieron nuestros compañeros, que en poco tiempo se convirtieron en amigos, en la familia y compañía que estábamos buscando. 

Nuestro trabajo consistió en estar con los huéspedes, en convertirnos en esa persona que te ayuda a preparar tu desayuno cuando recién te levantas y no entendes nada y, mientras esperas que se hagan las tostadas te guía y asesora sobre que lugares visitar. En esas charlas matutinas generamos hermosos lazos: escuchando historias de gente que hasta ese momento resultaba desconocida, pero que día tras día ya era parte de la familia. 

Haciendo amigos en Cordoba, diciembre 2019.

Entre cafecito, nuevas historias y tostadas, la mañana concurría mientras chequeábamos las camas, ordenábamos algún baño y nos abrazábamos a quien se iba con la promesa de seguir en contacto. 

Los almuerzos, las siestas, los mates por la tarde entre partidos de fútbol o caminatas para conocer el barrio se hicieron costumbre entre los voluntarios. Cada uno va encontrando su rol, porque todos terminamos siendo una parte fundamental de la familia que formamos: esta quien se encarga de poner fecha y hora para conocer una atracción cada día, o quien se encarga de cocinar y alimentarnos. También, el que pone fin al desastre que se genera en todos los cuartos, o el que toca la guitarra mientras todos cantamos. Las birras y tapas nunca falta, tampoco los enojos y las risas eternamente largas. 

Preparando la cena de Año Nuevo. Cordoba, diciembre 2019.

Conforme los días pasaron, sentí que formaba parte de algo extrañamente gigante. Al principio creí que esa vida no era para mi: me costo unos días adaptarme al ritmo, entender los latidos y variantes que tenia esta nueva familia de la que estaba por ser parte. 
Pero, cuando logré relajarme y entregarme a la experiencia, tomó enseguida el sentido que necesitaba: de a poquito comenzó a aflorar lo mejor de mi, eso que me hacía sentir increíblemente viva y que por largos años deje dormir. 

Por las noches nos reuníamos en la terraza, entre cenas y sangrías pasó diciembre y casi casi no me di cuenta de como transcurrió el  tiempo. Mis horarios eran otros, trabajaba más de noche que de día. Desayunaba a veces 2 y a veces 3 veces. Mis almuerzos eran siempre acompañada, con mucha música y alegría. 

Aprendi a decir hola en varios idiomas, a disfrutar de los villancicos que sonaban cada atardecer. Tuve que trabajar mi paciencia, tolerancia, sacar la bandera del respeto para recordarle a quien a veces se la olvidaba. Charle mucho en italiano, abrace mis raíces. Hice amigos de todos lados. Conocí otras verdades, otras realidades. Me quedó grabado a fuego en el corazón que todos, todos, queremos vivir en paz y ser considerados iguales. 

Me reí a carcajadas, llore cuando hizo falta. Hice de nuevo amigos, que todavía extraño. 

Nuestra despedida de Cordoba, con amigos que hicimos en nuestro mes de voluntariando. Enero, 2020.


Comencé la vida de voluntaria con el miedo propio de estar haciendo algo nuevo. Con la esperanza adormecida, creyendo que no podía estar tanto tiempo conviviendo con desconocidos en un mismo lugar, mientras trabajaba y dormía bajo el mismo techo. 
Hoy, revivo estos recuerdos con la nostalgia de quien extraña  día a día su hogar; con la certeza de que voluntariar es la magia que necesitaba para pintar de nuevos colores mi vida viajera. Me quedo con la alegría de haber probado algo nuevo, y por eso lo comparto y te invito a ser parte. 



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Tren de las Maravillas

11:28
Tende

A veces no nos damos cuenta, pero entre tanta guía que nos recomienda que hacer y que no te podes perder de una ciudad, nos olvidamos de frenar el hambre turista y disfrutar. No solo pasa cuando estas de vacaciones, sino cuando te convertís en local. Luego de casi 6 meses, hice un viajecito que me conecto por primera vez con algo que realmente me gusta en Francia: la belleza, lo imponente de su naturaleza.  

Tende y su empedrado.

Desde la estación central de trenes de Niza sale todas cada día a las 9.15 am el Train des Merveilles (tren de las maravillas) que te lleva en un recorrido de unas 2 horas a través de la montaña y del tiempo. 

De qué se trata:

El Tren de las Maravillas recorre diferentes pueblos en la montaña hasta llegar a Tende, región de Provenza-Alpes-Costa Azul, departamento de Alpes Marítimos. El viaje dura un poco mas de 2 horas, y podes bajar en otra estación para aprovechar el día y conocer, o llegar con la guía (en francés e ingles) que va contando la historia de cada pueblo hasta la estación de Tende, que se encuentra a 800 mts de altura, junto a la frontera italiana.

Pasajes: 

Te recomiendo ir un rato antes a comprar los boletos en la Gare. Si no hablas francés, o no te encontras con alguien con mucha buena onda y predisposición, la verdad es que se hace difícil comprar el boleto adecuado. Hay que pedir ayuda, y comprar en las maquinas azules el boleto diario para utilizar ida y vuelta. El primer pasajero sale 16 euros, pero el resto sale 10. Con esa compra podes estar todo el día tranquilo. 

Qué hacer en Tende: 


Callecitas de Tende.

El paseo por el pueblo no tiene desperdicio alguno: ya la energía del lugar te dan ganas de quedarte a pasar más de una tarde, y perderte entre callecitas empedradas y la buena vibra de la montaña.

Para mi, que pase 6 meses entre los turistas enloquecidos de Niza, llegar a Tende fue un respiro y un regalo que me debía. La gente camina con pausa, te atiende con una sonrisa y le interesa saber que haces ahí, de donde sos. Me atrevo a decir incluso, que aquí he probado el mejor cafecito y sin duda el croissant mas sabroso de la temporada.
El mejor consejo que te puedo dar es que camines, que disfrutes y que te sientes a tomar unos mates mirando la montaña y nada más. 

Pero, si tenes tiempo, quedate. Cerca de Tende está el Valle de Las Maravillas, donde vas a poder realizar mas de un trekking y disfrutar de la naturaleza en su máxima expresión.


Vistas de Tende.




Relato de un sueño y la decisión de tener una vida nómada

12:26

Praga, Agosto 2017.

Siempre soñé con viajar. Creo eso, a esta altura, ya no es una novedad. Todo comenzó con una imagen que se configuraba día a día en mi cabeza: una casita frente al lago, las montañas de fondo y mucha, mucha tranquilidad. Si, mi idea era irme a vivir a la Patagonia en Argentina cuando terminara mis estudios en Ciencias de la Comunicación, pero la vida me fue llevando por otros caminos.

Ahora que veo las cosas desde otra perspectiva, me doy cuenta que el trazado de mi vida siempre incluyo alguna que otra mudanza: antes de irme a vivir el mundo (así me gusta llamar a esta experiencia/ forma de vida que tengo ahora) pase mis días de estudio, trabajo y salidas entre San Miguel,Palermo, Nordelta y Escobar. Deje mi casa familiar en San Miguel, para mudarme con mi hermana y así poder ahorrar tiempo de viaje a la facu. Unos cuatro años después se vino el concubinato: la mudanza en pareja, adoptar un perro, manejar todos los días al trabajo. Termine mi tesis de licenciatura por Skype, porque era mucho más fácil que reunirnos y tener que trasladarnos viviendo tan lejos.

Casi dos años después, me volví a mudar. Esta vez a un departamento un poco más grande, porque mi perra tiene un tamaño descomunal (bueno tampoco tanto, pero es un pequeño poni y necesita su espacio). Nuestra casa daba al agua: ahora, esas imágenes que fueron solo sueños unos años atrás, empezaban a tomar otra forma.

Para esta época de mi vida, ya había terminado la facultad. Era toda una señorita licenciada, que manejaba casi 4 horas al día para ir del trabajo a la casa. Y entonces, el tiempo me empezó a pesar: el dolor de espalda era cada vez más fuerte, y puedo asegurar que una vez al mes mi cuello explotaba y decía basta: tortícolis asegurada, si no le ganaba la lumbalgia y cuando estos síntomas se aburrieron de estar, apareció el ataque de ansiedad. Que belleza. Que poético, como el cuerpo transita las emociones de una forma tan escalofriante, como nos pellizca día a día para que despertemos, para que salgamos de ese estado de alienación total.
Nueva Zelanda, Noviembre 2016.

Con todo esto, también tenia el lujo de viajar: nuestros ahorros y todo lo que ganamos lo invertimos en viajes: me acuerdo que en el 2016 hicimos una cantidad de viajes que tardamos un poquito más de un año en terminar de pagar. Las deudas también trajeron sus dolores de panza, sus llantos. Pero fue un punto de inflexión, un llamado a la acción. Con unas cuantas peleas a cuestas, con más miedos que certezas, con mucha incertidumbre y preguntas, decidimos vender todo para irnos a vivir el mundo. Fue un proceso largo, tedioso: vendimos los muebles, los autos. Nos despojamos de toda nuestra ropa, de todos los objetos que nos habían ayudado a construir la vida como la conocíamos hasta ese momento.

Cuatro meses antes de irnos de Argentina, nos mudamos a Escobar, para poder ahorrar. Vivir solos y querer juntar plata no es una ecuación que se da de forma muy satisfactoria en nuestro país. Así que, nos fuimos a lo de los papás de Marian, para que las cosas sean un poco más fáciles mientras nos reintentábamos. Más de un departamento me ha visto derramar ideas, pensamientos, charlas y escritos sobre la vida que comenzaba a diseñar. Miro para atrás, y siento que todo eso pasó en otra vida, que fue otra persona la que se sentaba frente a la computadora durante horas a leer sobre visas de trabajo en otro país, bien lejos de donde estaba googleando. Parece que fue otra persona la que logró embalar de a poco todas esas prendas que tanto le costo comprar, para venderlas en una feria. Para ver como, otras personas se llevaban con una gran sonrisa esos zapatos de marca que quizás en otro momento no se podían comprar.

Niza, Marzo 2019.

Empecé a entender el sentido de vivir liviano, de tener y usar lo que necesitamos, y no tan solo acumular. Tengo que admitir que vaciar mi casa fue una tarea extremadamente difícil: si bien era un proceso por el cual ya había pasado gracias a tantas mudanzas, esta vez era diferente: esta vez estaba vendiendo la biblioteca que habíamos diseñado para ese espacio especial de mi casa. Esta vez, dejaba atrás el jardín vertical que habíamos armado para nuestro balcón, era especial.

No es fácil dejar atrás nuestras cosas, a la familia, a la rutina y el día a día. Fue terrible tener que decirle chau a mi perrita, y verla mover la cola por la ventana, creyendo que al poco tiempo voy a regresar. O hablar con mis abuelos por teléfono, y escuchar como sollozan al cortar. No es fácil, nada fácil.

Fiordos del Este, Islandia, Octubre 2018.


Pero también voy entendiendo que hay una razón, algo más fuerte que me hace estar hoy acá. Tomar la decisión de vivir en diferentes lugares, de tener una vida nómada, es más difícil de lo que imaginaba. Hoy estoy experimentando mi segundo año de viaje. Primero fue Copenhague y ahora es Niza. No tengo ni la mas pálida idea de en donde puedo estar mañana. Y eso me gusta, y me asusta. Me gusta porque es lo que estaba buscando: salir de esa rutina que me hacía sentir presa de un estilo de vida que no quería, que no me llenaba, que me angustiaba. Y me asusta, porque estoy todo el tiempo arriba de una calesita: cuando me bajo y pongo un pie en la nueva ciudad, tengo que correr para alcanzar rápido la llave que tiene el señor del parque: esa que te va a dar la posibilidad de dar otra vuelta más.

Hoy, comenzando mi segundo año de vida en viaje, solo puedo decirles que, aunque por dentro te este comiendo el miedo, te animes y lo hagas. Solo puedo decirles que sí, que viajen.  Siempre podemos volver al lugar en el cual estábamos. Volveremos diferentes, llenos de experiencias, de amistades. Habiendo probado nuevos sabores, idiomas, habiendo bailado en un bar diferente cada sábado.

Todos los días me repito lo mismo: siempre podemos volver. Pero volvamos con la tranquilidad de haber hecho algo que queríamos: con la paz de haber confiado en nosotros mismos, con la alegría de saber que a cualquier lugar donde queramos ir más adelante, vamos a tener un amigo esperándonos para tomar unos buenos mates, para abrir una birra frente al mar, para dar un paseo interminable por la montaña o, simplemente, para sentarnos y charlar.