Shock en Viajes: 12 - Vomité en el mar

 

Tailandia.

Destino final: 

Estábamos en el aeropuerto de Hong Kong cuando nos enteramos que no podíamos volar a Vietnam, un destino al que quiero ir desde que tengo memoria: tengo como un deseo muy arraigado de caminar por sus calles, explorar las cuevas, navegar sus ríos y conocer su gente en profundidad. Debe ser lo que me ha taladrado mi viejo con la historia, con la guerra, con la defensa que supieron implementar de manera estratégica y brillante frente a un mundo que los pretendía hundir y olvidar. 

No pudimos volar a Vietnam y la frustración comenzó a golpear la puerta. Ahí estábamos, cansados de tanto viaje, con hambre y ganas de cambiar de paisaje, cuando empezamos a pelear. Si volvíamos a Hong Kong se nos acababa el viaje, porque los precios que se manejan acá ya estaban achicando nuestro presupuesto destinado a disfrutar sin trabajar. En eso estábamos, entre pelea y un llanto que parecía asomar, cuando se me ocurrió abrir la aplicación de pasajes y ver que destino estaba bien barato ese día para aprovechar. 

Che amoroso - le dije a Mariano - mirá los vuelos a Tailandia, nos podemos ir en 5 horas y tirarnos en la playa a relajar. Así fue como gracias a las recomendaciones que me empezaron a dar por Instagram (quien es el que dice que las redes no son un buen puente?) terminamos en Phuket esa misma noche para luego cruzar en Ferry a Koh Tao, donde el viaje terminaría dando un rumbo impensado.

 

Bella Tailandia: 



Llegamos a Phuket a las 12.30 de la noche, con un calor agobiante, un cansancio increíble en el cuerpo y la sensación de estar en un globo de aire caliente. Una sensación de agobio que nunca voy a olvidar. Nos paso a buscar el dueño del "resort" que habíamos alquilado, y nos llevo a la casa casi sin hablar. Nos dieron agua de coco para calmar el calor y engañar al estomago y nos dejaron en el cuarto que teníamos destinado con una gran sonrisa y un gesto hermoso con sus manos, que no indicaban otra cosa mas que "bienvenidos a mi hogar". 

Hasta ese entonces solo sabíamos que Tailandia era barato y que tenia altas playas para disfrutar. Lo que no sabíamos era que caímos en época de Monzones y que Phuket es un destino destinado prácticamente a la joda, la droga, la prostitución y los gringos desquiciados. Tampoco estábamos al tanto de que una gran parte de la población es musulmana, que andar en moto por la montaña es espectacular y que su gente,  los Thai en general, son increíblemente amables, dedicados y sonrientes. 


En moto por Phuket


Estuvimos en Phuket unos días, tratando de ver como reconfigurar un viaje que no teníamos planeado: tratando de descifrar que teníamos ganas de hacer y sobre todo que posibilidades teníamos en la mano. Así fue como (y otra vez, gracias a las recomendaciones que me dieron en Instagram) nos pusimos a investigar sobre el buceo en Koh Tao. Compramos el pasaje en Ferry, hicimos la reserva en el hostel que mas me recomendaron, y nos fuimos con nuestros 7kg a cuestas a bucear. 

Lo que es la libertad, no? Poder sentarte en la cama de tu habitación en Phuket y escrolear en el celular hasta encontrar el destino al que queres llegar. Darle el tiempo a tus emociones de ir bajando lentamente, escuchar a quien tenes al lado, barajar y dar de nuevo, mientras el mundo sigue girando y a vos nada te detiene ni te obliga a parar. Es una sensación de vértigo constante, unas mariposas que aletean, crecen y se hacen gigantes dentro de tu cuerpo que se adapta sin pensar en lo que hay detrás. 

Esa libertad de subirte a un micro y tomarte un Ferry para cruzar de isla y ponerte un traje de neopreno que te va a poner en contacto con lo mas hermoso que has visto jamas. 

Aprender a vivir con esa simpleza, disfrutar de la libertad, entender que sos parte de una escenografía que cambia solamente cuando vos haces click para comprar el pasaje que te lleve al próximo lugar. Aprender y entender que podía tener esa vida me llevo un tiempo, y cuando entre ahí, ya no quise salir. 

Por que conformarme con lo que ven mis ojos, si puedo cruzar en Ferry, hundirme en el mar y ver que hay mucho, mucho mas?.


Bajo el mar: 


Buceo en Tailandia.


No voy a mentirles a esta altura, tenia muchísimo miedo de bucear. No tenia idea a lo que me estaba enfrentando cuando acepte la loca idea de Mariano de hacer el curso de open water para después poder conquistar el mundo desde otro lugar. Nos unimos a un grupo hermoso de gente que estaba en la misma: viajando hace varios anos, rompiendo prejuicios, cumpliendo sueños. Todos y cada uno de ellos tuvo que enfrentarse y romper sus miedos cuando nos dieron la indicación de respirar hondo y saltar al mar. 

Me costo entender que la calma era todo, si controlaba mi respiración, podía hundirme cada vez más a fondo en ese agua caliente y descubrir lo hermosa que es la vida bajo el mar. Por suerte la dulce margarita me tuvo paciencia, me tomo de la mano las veces que fue necesaria y me ayudo a saltar y dejarme llevar. 

Yo, que deje mi vida cómoda y hermosamente establecida en Buenos Aires, empece a tener mareos en el mar. Como puede ser, si casi que no hay olas en Tailandia? bueno, el mareo que sentía era gigante. Tuve que tomar dramamine media hora antes de salir a navegar, durante los 4 días que subimos al bote. 

Yo, que deje mi vida cómoda y hermosamente establecida en Buenos Aires, tenia miedo de bucear. Como puede ser, si te metiste a hacer snorkel en el agua helada de Islandia? como puede ser, si te colgaste de un acantilado en Irlanda? como puede ser, si dejaste a tu familia del otro lado del mundo para irte sola con Mariano a buscar vaya uno a saber qué? Bueno, así fue. El miedo nos paraliza y nos encierra cuando menos lo pensamos, cuando menos lo esperamos. Empezó a manifestarse con las nauseas en el bote, quería atacarme cuando estaba a 15mts de profundidad bajo el agua caliente de Tailandia, y lo logro paralizarme por completo el único día que necesitaba accionar. 

Terminé el curso de Open Water, soy toda una buceadora certificada. Puedo ir a conquistar el mundo submarino cuando quiera y a donde yo quiera. El día que el agua me llevaba de manera suave y vibrante entre un cardumen de pececitos de colores, no pude hacer otra cosa que llorar. Que sensación hermosa poder apreciar la vida en todas sus formas, no hacerle daño, simplemente estar ahí, observando. 

Mariano fue por más: él certifico en Open Water y Advanced. Yo no me anime a más, porque significaba hacer más inmersiones, exigir más a mi cuerpo, destrabar más miedos que no sabia que tenia pero ahí estaban, empujando desde lo más profundo dispuestos a salir con todo cuando menos lo pensara. Pero después de 8 días en la isla, viviendo en patas y poca ropa, durmiendo en el hostel rodeados de buena onda, quise sumarme a la experiencia de bucear de noche. Como iba a permitir perderme esa oportunidad? Salir en barco al atardecer, ver a sol ponerse sobre el mar, mientras me ponía el traje y me disponía a saltar una vez más, eso era algo que tenia que vivir. Cueste lo que cueste. 


Atardecer en el mar.


A veces tengo esos arranques: hay algo que me dice ya no más, pero también hay algo que me insiste y me presiona para hacer las cosas igual. Cuando esas dos fuerzas se encuentran en mi mente, el cuerpo me da señales que sin darme cuenta decido ignorar. Ese día me paso eso: no me sentía muy bien, pero así y todo me sume a la experiencia nocturna, quería registrar ese momento en mi cuerpo, en mi mente, en mi go pro a prueba de agua, en la memoria de mi celular. Quería estar ahí, aunque también sabia que no quería estar presente de forma física y real. 


Vomité en el mar: 

Aunque me tome el drmamamine las nauseas nunca me abandonaron. El agua ese día estaba un poco más picada que de costumbre y el sol se puso de forma mágica, perfecta, irreal. 

Saltamos los 4 al agua, cada uno a su tiempo. Lo primero que noté es que no podía bajar, el corazón me latía muy fuerte, era de noche y las olas me mareaban. Sentía la corriente entre mis piernas, sentía el miedo apoderarse de mi alma y me costaba respirar. Pero no me permití abandonar, tenia que seguir igual, tenia que vivir esa experiencia aunque no pudiese respirar. Por que? Por que me estaba obligando si mi cuerpo daba clara señales de que no podía más? Esa lucha es algo que recién ahora puedo desgranar, entender y contar. Hasta hoy no había entendido lo que me estuve haciendo. 

Con el agua picada, después de varios intentos y el aguante de gonza, marga y mariano, logre sumergirme en la oscuridad. Allí íbamos los 4, con la go pro en la mano, descubriendo lo que tiene el mar en su inmensidad. Bucear de noche, debe de ser de las experiencias mas hermosas y locas a las que me expuse en mis anos de vida en viaje. Como no hacerlo? 



La corriente nos llevo por el coral, vimos a los bichos vivir su vida nocturna como si no hubiese nadie más: los cangrejos, las estrellas de mar, las rayas. Una fiesta de animales dispuestos a pasar por delante mío y abrazarme porque sabían que tenia miedo. Entre tanto, el agua me zarandeaba y mientras intentaba respirar y no perder el eje de lo que estaba viendo, mi cuerpo golpeaba contra el coral por el que estábamos pasando y me clavaba sin darme cuenta los restos del mar que me acompañarían por unos cuantos días. Duele, duele chocarse con la realidad y llevarse puesta las espinillas como recordatorio de que a veces esta bueno frenar: respetarse y no exigir los limites del cuerpo de manera constante. 

Salimos a la superficie porque la corriente ya estaba brava de verdad y, mientras todos los demás intentaban mantener la calma y no dejarse vencer, yo me relaje y deje que el miedo se apoderase de mi cuerpo y mi alma. Nade hasta la soga que nos llevaría al barco, me puse el respirador y me tire hacia atrás. Lo vi a Mariano sujetarme y nadar a mi lado, mientras marga nos indicaba el camino y gonza abria el paso. Yo estaba en otro lado, muerta de miedo, sin ánimos para avanzar, dejando que ellos me guíen a su tiempo, regalada a lo que el mundo quisiera que pasase en ese momento. 

Cuando llegamos al barco vi que la corriente lo llevaba a Mariano y yo no podía accionar. El estaba bien, estaba fuerte, estaba aferrado, pero en mi cabeza pasaban miles de cosas y no podía pensar, no podía respirar, estaba trabada física y emocionalmente, perdida en el medio del mar. Solo vi que marga me tendía la mano y me indicaba que suba primera, mientras ellos esperaban. 

Subí, y cuando gonza me saco el equipo, me tire de cabeza a la otra punta del barco para vomitar. No se que paso en el medio, pero todos subieron mientras yo seguía vomitando en el mar. 

Así estuve un buen rato, mientras mis compañeros se sacaban los equipos y el bote volvía a destino, yo estaba tirada con la cabeza colgando, vomitando en el mar. Largaba mis miedos, mi vergüenza, mi cansancio y frustración. La bronca de no haber disfrutado como los demás, y también la bronca de haberme sometido a hacer algo que ya de entrada mi cuerpo no iba  a aguantar. 




Un poquito mas allá: 

A casi un año de esa experiencia, solo tengo palabras de agradecimiento para esas 3 personas que estuvieron conmigo en todo momento. El poder que tiene el miedo sobre nosotros es algo que no se puede terminar de explicar: empieza golpeando despacito, casi avisando que algo va a pasar, pero hay que estar muy despiertos para entenderlo y hay que conocerse demasiado para hacerle caso o aprender a manejarlo. 

El pánico, ese invitado indeseado que puede cagarte cualquier experiencia, incluso la que siempre habías soñado. Esa noche, mientras vomitaba en el mar, pude entender que tenia que aprender a escuchar un poco más lo que me decía el cuerpo. También entendí que no esta mal frenar, descansar y arrancar de nuevo. 

Cuando nos subimos a una moto a miles de km por hora, no todos respondemos igual. Yo necesitaba bajarme de la moto, procesar todo lo que había vivido, y entender hasta dónde quiero avanzar. 

La marea me sacudió con tanta fuerza, que no me quedó otra que entenderlo; y a fin de cuentas, gracias a eso, voy conociendo un poco más hacia donde quiero encaminar mi libertad.




Hacia donde quiero llevar mi libertad:

Hacia romper mis miedos, mis frustraciones, aquello que no me permite avanzar. Quiero ser libre al nivel del mar, a poder sumergirme y contener la respiración para conocer un mundo nuevo. 

Quiero que la marea me sacuda con fuerza y yo poder aguantar. Subirme al bote y no vomitar más. 

Quiero que nadar entre pescaditos de colores sea mágico todo el tiempo, sin tener que pensar que la locura de lo que estoy haciendo no tiene lugar. Porque una vez más,  y a pesar de haber tenido un miedo paralizante que termino saliendo de mi cuerpo y siendo llevado por el mar de Tailandia, logré hacer algo que era impensado en otro momento.

Yo se que hay que respetarse y dar lugar al miedo, pero que hubiese pasado si lo dejaba ganar? Ahí entra mi deseo de llevar mi libertad al mar y no dejar que este invitado indeseado le gane a mis ganas de explorar cada vez mas...


Gracias eternas por estar a mi lado💜