#ShockenViajes: 14 – La vida sin viajes

En enero del 2020 volví a Buenos Aires, bah, mi cuerpo llegó a Ezeiza, con dolor de cabeza, ovarios y una menstruación galopante que decidió aparecer en pleno vuelo cuando no tenía nada que tomar o con que cubrirme a mano. Después de abrazar a mi mama un buen rato, no me quedó otra opción que correr a la farmacia para equiparme de toallitas y medicamentos antes de avanzar. El calor era sofocante ya en Ezeiza, y yo realmente no entendía nada. Pero hoy, un año después, entiendo que el regreso comenzó un par de meses antes de que mi cuerpo aterrizara ese 11 de enero en la ciudad de la furia. 

Qué paso ayer:

En septiembre de 2019 aplicamos por tercera vez a la working holiday visa de Nueva Zelanda. Estábamos en Krasnoyarsk – Rusia – y nos levantamos para estar atentos al sistema de aplicación a las 5.30 de la mañana. A las 8 teníamos que salir para la estación a tomar el tren que nos llevaba al próximo destino, así que no era tan grave pegar un buen madrugón. 
 
Mariano estaba cascarrabias, ya cansado de madrugar y tratar de aplicar a una visa que estaba cantado que no salía. Yo no quería perder la esperanza, y me aferraba a esa opción como la única alternativa para continuar mi vida en viaje. La verdad, mucho no me equivoqué, pues sin esa visa al menos por ahora no hay opción de continuar viaje…
 
Estuve una hora dandole duro a la tecla F5 de mi computadora, mientras le pedía a mis amigos que intentaran entrar desde la parte del mundo donde se encontraban al sistema de aplicación. También actualizaba todo el tiempo el celular. Mariano probó 2, 3 veces y decidió que era mejor opción volverse a dormir. Yo seguí, un largo rato más, hasta que me avisaron que las visas ya estaban todas dadas. 1000 visas por año, y por tercera vez no lo logre. 
 
Me tragué las lágrimas y enojada volví un rato más a la cama. Había que seguir viaje, y ahora si, empezar a pensar que íbamos a hacer cuando esa vida paralela estuviera lista para mutar y dar un paso más. 
Vidaenviajee

Relatos de tren:

Me subí al tren bastante angustiada, porque no sabía que hacer.Todos los planes que había formulado no estaban saliendo como lo había planeado. Por un lado, la visa de Nueva Zelanda rechazada y por el otro, la imposibilidad de aplicar a otras visas de trabajo por tener casi 31 (las que me interesan son hasta los 30). Y, sumado a esto, el cansancio y las ganas de tener un poco de estabilidad, una rutina y descansar. ¿Pero dónde? Volver a Argentina no era algo que me interesaba, ¿que iba a hacer? ¿buscar trabajo en una oficina de nuevo? ¿hacer de cuenta que nada había pasado? ¿ahorrar para comprarme un auto y llorar de nuevo en Panamericana por el tráfico? Todo eso me asustaba, me angustiaba, no me dejaba pensar en paz. Volver me daba miedo; miedo de tener que volver a una realidad en la que no podía soñar. 
 
Me subí al tren angustiada y escribí: ¿Como hago para volver? ¿como hago para aprender a caminar de nuevo, a tener cada día menos miedo? todos los días quiero un poco más mi cuerpo, todos los días me encuentro creando con más libertad, sin ataduras, la vida que quiero. ¿Como hago para volver, y no volver a ser parte de una realidad sin sueños? O peor aún, ¿que pasa si de golpe esa realidad se convierte en mi verdad? Quiero seguir siendo dueña de mis horas, de mi plata. Quiero seguir necesitando poco, aceptando las diferencias y conociendo a los otros. ¿Cómo hago para volver y no volver a desconfiar de todo el que camine a mi alrededor? No quiero vivir con miedo. Quiero seguir despejando mi mente para tener cada día un poquito más de claridad y estabilidad emocional. 
 
Me sequé las lágrimas y entre mocos escribí: Ay Marina, te estás dando el lujo de lloriquear y pensar en un futuro incierto en vez de disfrutar que estás cumpliendo tu sueño de viajar en el Transiberiano. Así como no estabas exenta a extrañar a tus amigos y familiares, querer de a ratos las comodidades de tu antigua vida mientras estás de viaje, si volves, no estás exenta de extrañar a tu vida en viaje. Nadie te dijo que iba a ser fácil, y caer de a ratos no está mal. Pero que la ansiedad del futuro que no podes manejar y el miedo a revivir angustias del pasado, no te atrape y te encierre para que no puedas disfrutar de lo que creaste y estás haciendo en este momento de tu viaje. 
 
Cerré el cuaderno, deje que caiga la última lágrima, y me dispuse a volver de a poquito a Argentina, mientras el tren cruzaba a miles de kilómetros por hora, una Siberia otoñal. Y ese 18 de septiembre, fue la última vez que escribí sobre mis miedos de volver. 
Vidaenviajee

Volver:

Siempre escribí para sanar, para sacarme de adentro todas aquellas cosas que no podía asimilar, que me lastimaba pensar. Desde que tengo memoria, guardo en pedazos de papel todo aquello que alguna vez me lastimo. Estos meses de pandemia y encierro no fueron la excepción; solo que sentí que escribir y compartir diferentes momentos de viajes era la mejor forma de recordar y sanar. 
 
Después de andar por Rusia, Mongolia y disfrutar como locos de China, nos fuimos a Tailandia, donde el regreso empezó a hacerse realidad. Desde Bangkok tomamos 5 transportes diferentes para volver a Europa. Llegamos a Italia, donde nos recibieron unos amigos mientras seguíamos pensando que hacer. Allí surgió la oportunidad de experimentar la vida de voluntariado, donde a cambio de alojamiento y comida, vos trabajas. 
Nos fuimos a España, primero a Estepona y luego a Córdoba, donde estuvimos un poco más de un mes; y ahí si, no quedó otra opción que entender que la suerte estaba echada y las opciones habían llegado a su fin. Ya el verano estaba entrando en Buenos Aires y las responsabilidades nos golpeaban cada vez con más fuerza las puertas de esta vida en viaje. 
 
El 11 de enero aterrizamos en Buenos Aires. Pero llegué unos cuantos meses después. Mi cuerpo estuvo viviendo en piloto automático, contando historias sin ponerle el alma, yendo a reuniones mientras mi mente y mi corazón seguían recorriendo países exóticos y probando helados en algún lado. 
 
Tengo que admitir que contra todo pronóstico la pandemia me salvó, nos salvo: nos obligó a centrarnos, barajar y dar de nuevo. Después de 6 meses viviendo en la casa del papá de Mariano, sin trabajo, sin un norte y mucho menos si saber que hacer, una crisis fuerte en la pareja nos sacudió y nos hizo entender que si no reaccionamos no había vuelta atrás que nos pueda salvar. Vivir esperando nunca fue una opción, y sin embargo eso estábamos haciendo. El control de la vida se lo habíamos pasado a otro, a una enfermedad no conocida, que nos tenía encerrados sin poder avanzar. Cuando entendimos que había que tomar acción dentro para luego hacerlo afuera, nuestra vida sin viaje comenzó a mutar.
 
Así fue como encontramos un departamento para poder pasar los meses que tengamos que estar acá. Con la esperanza de una casa llegó la creatividad para trabajar, buscar clientes, dar clases, escribir. Y con nuestro hogar después de tanto tiempo de vivir andando, volvieron las ganas de abrazarnos y avanzar. Y ahí volví; al fin mi alma aterrizó en Buenos Aires y se conectó con mi cuerpo en el presente que nos toca hoy.
 
Una vida sin viaje – por ahora – pero con muchos planes y sin miedo por delante. Hoy Marina, te digo que lograste una vez más crear la vida que querías, sin estar atada a miedos y angustias que te frenan y te estancan en un lugar que no queres estar. 
Vidaenviajee

El futuro ya llegó:

¿Y como sigue esto? no lo sé, nadie lo sabe. Solo puedo agradecerles por haber llegado conmigo hasta acá, durante la vida en viaje y el tiempo que dure no viajar. Con la promesa de volver a volar cuando pueda, espero que con la ciudadanía en mano, para seguir construyendo la vida que quiero en el lugar que tenga que estar. 
Hoy me despido de esta sección de Shock en Viajes, porque es momento de cerrar una etapa y dar lugar a otras. Gracias eternas por leerme y estar del otro lado, esperando que logre aterrizar. 
 
Con amor, Marina. 
 
Si queres leer otras experiencias de viajeras por el mundo, te recomiento seguir a Geral de @matecito.viajero! En su Blog nos cuenta  también su experiencia al volver a Argentina. 
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